Durante mucho tiempo, las reglas del maridaje parecían inamovibles: tinto con carne, blanco con pescado. Pero el vino, como la gastronomía, evoluciona, se adapta y busca nuevos horizontes. En los últimos años, el auge de la cocina asiática, vegana y de la comida rápida de autor ha abierto un mundo de posibilidades para quienes disfrutan explorando la copa más allá de los maridajes clásicos.
Vino y comida asiática: un juego de equilibrio
Los sabores de Asia —picantes, dulces, umami, ácidos— desafían las normas tradicionales del vino. Sin embargo, el secreto está en el equilibrio y la frescura.
Cocina japonesa: los vinos blancos con buena acidez y notas minerales, como un Albariño o un Riesling seco, acompañan con elegancia sushi, sashimi y tempuras. Desde el Bierzo, el Godello es una opción brillante: varietal, floral y con una acidez perfecta para realzar el pescado y limpiar el paladar. Un Godello joven de Bodegas Godelia o Pittacum puede ser un excelente aliado.
Comida tailandesa o vietnamita: las salsas picantes y aromáticas se suavizan con blancos afrutados y con un punto de dulzor natural. En este caso, un Godello fermentado en barrica del Bierzo, como el Peique Godello, ofrece cuerpo y equilibrio frente al picante.
Cocina china o coreana: para platos más intensos o con salsas de soja y fermentados, los tintos ligeros como un Pinot Noir o un Garnacha joven funcionan de maravilla. La Mencía joven berciana, con su carácter fresco y notas de frutos rojos, es ideal: Dominio de Tares “Baltos” o Luna Beberide joven combinan a la perfección con estos sabores potentes.
Maridajes veganos: frescura, textura y creatividad
El vino y la cocina vegetal forman una pareja natural, siempre que se entienda que el protagonista es el sabor.
Platos con hongos o trufa piden tintos con cuerpo medio y notas terrosas, como un Tempranillo crianza, un Syrah o un Mencía crianza del Bierzo —por ejemplo, Pittacum Aurea o Losada Vinos de Finca—, que aportan una elegancia rústica y un final largo, perfecto para setas y legumbres.
Ensaladas con cítricos, hierbas y aguacate se realzan con blancos vibrantes como un Sauvignon Blanc o el Godello joven que vuelve a ser una gran opción berciana, con frescura y equilibrio.
Para un curry de lentejas o garbanzos, los rosados de Mencía del Bierzo —como los de Bodegas Estefanía (Tilenus)— ofrecen estructura y una acidez brillante que sostiene las especias sin dominar el plato.
Además, cada vez más bodegas apuestan por vinos veganos certificados, elaborados sin clarificantes de origen animal, completando la experiencia ética y sensorial.
Comida rápida gourmet: placer sin culpa
El boom de la comida rápida de autor ha demostrado que el vino puede ser tan informal como una hamburguesa o unos tacos, si se elige bien.
Una hamburguesa gourmet con queso curado y panceta pide un tinto jugoso, con fruta y tanino amable, como un Merlot, un Cabernet Franc o los rosados de Mencía del Bierzo —como los de Bodegas Estefanía (Tilenus)— que ofrecen estructura y una acidez brillante que sostiene las especias sin dominar el plato.
Los tacos de pulled pork o de pollo picante combinan de maravilla con un rosado de Mencía o un Mencía joven, que aporta frescura y ligereza.
Y si hablamos de pizza con ingredientes premium —trufa, rúcula, burrata—, un Lambrusco seco, un Chianti o un Mencía con crianza ligera, como Petalos del Bierzo (Descendientes de J. Palacios), logran una combinación perfecta.
El maridaje moderno no se trata de reglas, sino de conversaciones entre sabores: el vino deja de ser un acompañamiento para convertirse en un cómplice de la comida.
Estas nuevas fusiones son una invitación a romper esquemas y explorar. La diversidad culinaria actual —asiática, vegana o urbana— exige vinos versátiles y frescos. Porque al final, la mejor combinación es la que te hace disfrutar más.
